
El gran venado tonto que sin mucho esfuerzo cacé la semana pasada me ha dado suficiente tiempo para admirar el paisaje, tostarme al sol y salir a pescar plácidamente al río. Como las flores han cubierto los campos y hace calor, pude desempolvar mi taparrabos (a alguien se le podría ocurrir llamarlo hilo dental). Es casi como estar de vacaciones. Pero (siempre hay un pero) como buenas vacaciones, hasta mi cueva llegaron visitas. Dicen que son familiares míos. Que el clan se dividió hace algún tiempo, pero que se acuerdan de mi como si fuera ayer. Que me cargaron cuando era un cachorro y hasta que me enseñaron los secretos del viento. El caso es que mientras llenaban mis oídos con toda esta palabrería se han comido hasta los huesos del venado aquel. Se han dormido en mis pieles y han orinado mi fogata. Y me han dejado a mi comiendo pescaditos huesudos y flacos. Esto es lo mas parecido que me pueda imaginar a unas vacaciones de semana santa. Solo me faltaron algunos spring breakers locos y el cuadro hubiera sido perfecto.
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